Dícese que las relaciones son
complicadas, o al menos en mi caso así lo dicen, que cuando algo se daña, ya es
muy difícil arreglarlo. Porque sería como tratar de arreglar un jarrón que se cayó
al suelo, por más cuidado que tengas en pegarlo, siempre vas a poder ver las
grietas. Y en verdad muchas veces he pensado que pueden que tengan razón; porque,
por experiencia propia lo puedo confirmar. Y en todas mis relaciones e aplicado
esa regla, si ya se terminó, pues para que buscarle una solución, pues el
problema que hizo que termine tarde o temprano va a volver.
Pero una tarde escuche esta
frase, que se me quedo marcado en la memoria, “yo sí creo que el amor eterno
exista, lo que no creo es que existan suficientes personas que luchen por
alcanzarlo”, y esa frase me hizo replantear todo el preconcepto que tenía sobre
una relación y de cómo tenía que ser. Me pregunte entonces, y si en verdad si
se puede reparar el jarrón y con una manita de pintura nueva ocultar las
grietas y fortalecerlo un poco. ¿Qué pasaría si?, ¿qué hubiera pasado si?, ¿cómo sería ahora?, fueron preguntas que daban vuelta en mi
cabeza.
Quizás el amor eterno no sea un
amor sin problemas ni conflictos, quizás el amor eterno es el amor que se va
construyendo de a pocos y con unos cimientos fuertes, que puedan soportar los
pequeños sismos y los grandes terremotos que traiga la vida. Por eso ahora
llevo una vida con una nueva filosofía, “luchar por lo que se cree que vale la
pena” y como dijo un héroe nacional “luchar hasta quemar el último cartucho”
para así más adelante no arrepentirse de las cosas que no se hicieron y poder
estar en paz conmigo mismo.